Traducción entre iguales

La presencia de múltiples (com)pinches en un mismo proyecto culinario implica que nuestra cocina se basa en contribuciones “muy diversas por lo que respecta a su calidad, cantidad y enfoque, así como en su ubicación temporal y geográfica” (Benkler).

Nuestro proyecto incentiva que todos los (com)pinches puedan aportar lo que puedan, cuando puedan y como puedan estructurando el trabajo de acuerdo con dos criterios extraídos del recetario de Benkler: modularidad y granularidad diversa.

La modularidad es definida por Benkler como “aquella propiedad de un proyecto que describe la medida en que este puede descomponerse en componentes más pequeños, o módulos, que es posible producir independientemente antes de ser ensamblados en su conjunto”. Esta  independencia de los módulos se traduce en autonomía y flexibilidad para que múltiples (com)pinches puedan trabajar separadamente como mejor convenga a su implicación, disponibilidad y horario.

En nuestro proyecto de traducción de libros, la división en módulos se corresponde sencillamente con la estructura de capítulos de la obra, distribuyéndolos entre los voluntarios en función de sus preferencias y disponibilidad, así como del momento en que se incorporan al equipo.

Según Benkler, la granularidad “se refiere al tamaño de los módulos, en términos de tiempo y esfuerzo que un individuo debe invertir para producirlos”. Así, cuanto más reducida sea esa inversión individual mínima (cuanto más fino sea el grano), mayor será el universo de potenciales participantes. En el caso de las traducciones, es evidente que la inversión mínima de tiempo y esfuerzo es medianamente considerable, pero tratamos de afinar la granularidad mediante la compartición de módulos entre (com)pinches, la construcción de un glosario conjunto que vaya sedimentando los hallazgos de cada cual y la inclusión de tareas complementarias como la revisión o la participación en las sesiones de discusión.

Resulta fundamental combinar la coordinación virtual permanente con la celebración periódica de sesiones de discusión presenciales para integrar estas diversas granularidades en una perspectiva de conjunto y para favorecer el procesamiento grupal sobre la marcha del proceso. En este sentido, N-1 nos ha permitido cocinar (y registrar) a fuego lento discusiones que luego retomamos presencialmente en encuentros locales y en el Laboratorio del Procomún de Madrid. Como guinda del pastel, organizamos una sesión de degustación final a la que invitamos a los autores de las obras originales y a personas interesadas.

Junto a esto, nuestro proyecto asume la existencia de tareas de grano grueso que sugieren aderezar la horizontalidad con una dosis de jerarquía en la figura del coordinador (Florencio Cabello, en este caso). A continuación detallamos cuáles han sido las tareas de coordinación:

1) Selección de las materias primas (según su criterio o siguiendo las recomendaciones de chefs del procomún como los citados) y contacto con los autores originales.
2) Búsqueda de recursos (tecnológicos, económicos, académicos, infraestructura…) para la viabilidad del proyecto.
3) Elaboración y difusión de la convocatoria de voluntarios, en un primer momento en su entorno inmediato y luego en Internet (en nuestro caso, a través del Laboratorio del Procomún).
4) Diseño de la cocina virtual y acomodo en ella a los (com)pinches para que trabajen a gusto.
5) Coordinación del proceso de trabajo virtual y presencial.
6) Revisión de la traducción para dotarla de un sabor coherente y adaptado a paladares castellanoparlantes.
7) Coordinación de la difusión de la receta y de la publicación física y electrónica de los platos.
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